Cantera, sí; ingenuidad, no
Pese a que la planificación deportiva del Villarreal apunta a un verano de cierta austeridad con el consiguiente paso adelante de los jóvenes, Iñigo Pérez tiene la obligación moral de sentar las bases de un proyecto en el que la promoción de los chicos del filial tenga cierta lógica

Iñigo Pérez tiene que decidir qué hacer con los jóvenes del filial.Imago
Existe cierta tentación romántica en el fútbol moderno que tiende a alejarse de la crítica cuando se habla de la cantera. Es la tendencia a convertir la escuela del talento propia en una especie de religión del deporte, una idea incontestable que, por el mero hecho de sonar tan hogareña, parece quedar exenta de cualquier análisis racional. El Villarreal, por supuesto, no es ajeno a ese fenómeno.
La entidad amarilla ha construido durante décadas una de las fábricas de calidad más admirables del fútbol español. Desde una ciudad de poco más de cincuenta mil habitantes, el club amarillo no ha dejado de producir futbolistas para la élite, nutriendo a sus propios equipos y generando un patrimonio deportivo y económico que explica buena parte de su crecimiento institucional. La cantera no es un complemento del Villarreal. Es uno de los pilares sobre los que se sostiene su identidad.
La llegada de Iñigo Pérez ha reactivado esa creencia que nunca se ha dejado de profesar en La Cerámica. El técnico navarro ha dejado claro que cree en los jóvenes, pero igualmente ha advertido que no tiene intención de regalarles nada. Bravo por Iñigo. El nuevo míster es el primero que sabe que conviene huir de los excesos. Una cosa es creer en la cantera y otra muy distinta convertirla en un dogma.
El Villarreal debe dar un nuevo paso en Europa
El reto nunca ha sido hacer debutar a los chavales. Lo difícil es construir futbolistas preparados para sostener el peso competitivo que exige un club que disputará la Liga de Campeones y que tiene la obligación moral de mirar hacia las posiciones más altas de la clasificación. Esta premisa no puede obviarse porque el club está capacitado para dar un paso más, sobre todo en Europa, por mucho que adviertan que la planificación tenga que ser austera. La cantera no puede convertirse en una coartada para rebajar la ambición.
La nueva temporada no puede convertirse en una ceremonia de graduación. Seguimos hablando de una competición feroz donde cada punto tiene unas consecuencias deportivas y económicas tremendas. Las oportunidades no se concederán por sentimentalismo ni por agradecimiento. Los jóvenes deben seguir conquistando.

La responsabilidad de decidir correctamente
Aún así, sería igualmente absurdo ignorar el talento que viene empujando desde abajo. Ahí aparece la gran responsabilidad de Iñigo Pérez a la hora de decidir. Pocas veces el Villarreal ha reunido una generación tan estimulante como la actual. Carlos Macià emerge como uno de los proyectos más ilusionantes de los últimos años. Dani Budesca ha despertado el interés de clubes de Primera División. Alassane Diatta sigue creciendo a pasos agigantados. Dani Requena regresa tras una notable cesión en Segunda y tiene mucho mercado. Futbolistas como Nizar, Hugo López o Lautaro Spatz llaman con insistencia a la puerta...
Lo único a tener en cuenta es que el talento no siempre avanza al mismo ritmo que la impaciencia del contexto y que el salto entre categorías no se mide únicamente en la calidad técnica. Es por eso que muchos futbolistas necesitan equivocarse lejos de casa antes de triunfar en ella. Otros requieren una cesión. Algunos precisan varios años. Y unos pocos, los menos, están preparados para competir desde el primer día.

La inteligencia del proyecto ahora no consiste en acelerar procesos, sino en reconocerlos. Por eso, el ascenso frustrado del Villarreal B en Zamora deja una situación particularmente delicada. Algunos de estos jugadores difícilmente podrán seguir creciendo en Primera Federación. Habrá que decidir quién está preparado para dar el salto y quién necesita continuar su formación en otro lugar. No será una cuestión de pálpito. Será una cuestión de diagnóstico. Corazonadas, las justas.
El objetivo: mejorar el equipo
El objetivo final no puede ser presumir de canteranos. La meta debe ser construir un Villarreal mejor. Si ese equipo mejorado incluye a Macià, Budesca o Diatta, por poner algunos nombres, magnífico. Si alguno necesita marcharse temporalmente para regresar más fuerte, también. La virtud, como casi siempre en el fútbol y en la vida, suele encontrarse muy lejos de los extremos. Ni la cantera como elemento decorativo ni la cantera como doctrina incuestionable.
Iñigo Pérez tiene razón. Hay que dar oportunidades. Pero también tiene razón cuando recuerda que no hay que regalar nada. Porque el futuro del Villarreal pasa por los jóvenes, pero la dirección deportiva también tiene que consolidar el proyecto con los mayores.