LA OPINIÓN

A lomos del 'Panda' y el oportunismo

28.01.2021 | 00:44


Me la jugaba el lunes a una carta en mi columna de opinión, titulada 'El Betis no fichará en enero... Y menos mal', sin tener ni remota idea de que Borja Iglesias no sólo iba a tener minutos ante la Real Sociedad en Copa, sino que iba a ser clave con su doblete en la prórroga para plantarse en cuartos. Valga el oportunismo, pero, para los que no lo leyeron, decía esto: "Lo siento, pero mi fe en el 'Panda', al que le he visto ser un cañón hace nada, no se ha agotado". Para ser justos, un poco antes argumentaba que "nadie en su sano juicio permitiría al Betis recuperar lo pagado" por él o por Juanmi. Porque, a ver, todos le hemos dado fuerte y flojo al gallego. Que costó 28 millones de euros, ojo. Que es para darle, porque ni de lejos se acercó a las expectativas generadas.

Yo, sin embargo, soy un romántico. Dice mi padre que el Betis es un cementerio que fagocita a todo el que se le arrima. Y lo dice con pena, que es bético hasta la médula, pero le duele horrores que casi todos fracasen aquí, aunque vengan en la cresta de la ola. Bueno, un poco también le fastidia que en la otra acera casi todos triunfen, que Monchi fiche a desconocidos que se revalorizan como por arte de magia. Pero mi Rafa sabe que de magia hay poco ya en esto del fútbol. Volviendo a Borja: que sí, que lo he criticado, que pensé a veces que se arrastraba, que se le había olvidado marcar y casi desmarcarse, cómo hacer un control... Un desastre, vaya. Tenía en mi corazoncito la esperanza de que explotara, de que diera un golpe en la mesa como el del martes. Porque me cae bien, coño. Porque se le ve a leguas que es un buen tío y que arriesgó mucho también por venir (ganando bastante más que en el Espanyol, pero también abandonando su zona de confort y ganándose inmerecidos insultos por pesetero). Pero también porque no me creo que sea como ha enseñado en este año y medio. Ni mijita.

Pero hete aquí que cometí el enorme pecado de titular la crónica del partido de octavos 'A cuartos por el de siempre y el de casi nunca'. Y Twitter, esa maravillosa herramienta que alberga un ecosistema con fauna de diverso pelaje, se me ha echado encima. Los hay también que me defienden o me entienden, porque ya les digo que no hubo maldad ni ganas de importunar, pero son legión quienes afean mi referencia a Borja Iglesias, aunque sea verdad. Porque es mejor una mentira bonita que una certeza fea; dónde va a parar. Lo curioso es que basta con bucear un poco en el TL de los que se acuerdan de mi madre, los que me recomiendan cómo se titula (de estudiar Periodismo ya hablamos otro día) y los que censuran mi cada vez más caduca belleza, para comprobar que vistieron de grana y oro al 'Panda' muchas veces. Ahora, cabalgan a sus lomos y los del oportunismo, aunque lo es un poco también que recupere una cita en otra opinión que, de haber salido rana la actuación del '9' ante la Real, omitiría. Eso es cierto.

Como también que investigar, por aquello del orgullo, los perfiles de mis detractores me hizo comprobar que hay una mayoría que no sólo no atacó nunca a Borja, sino que lo animó, defendió y alabó siempre. Si un tío que no rinde cae tan bien, algo muy bueno debe haber hecho. Y me consta que, aunque sólo sea por pararse a firmar mil autógrafos y dar la cara en las malas, Iglesias lo ha hecho. Por eso, porque era quien más lo necesitaba, me alegro un montón de lo que está viviendo. Ojalá sea el principio de su nueva vida en Heliópolis, un punto de inflexión que necesita y merece. Por cómo fueron sus goles (no de empujarla a puerta vacía como en Pamplona, sino fruto de un MARAVILLOSO control orientado para definir con la pierna mala y de un SOBERBIO cabezazo abajo), me da que puede ser la buena. Si se convierte en el gran fichaje invernal, habrá merecido la pena todo esto. Hágase.

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