Carles Manso no cambia el rumbo del Andorra
El técnico catalán, que asumió el banquillo tras la destitución de Ibai Gómez en noviembre, ha igualado los números de su predecesor sin lograr la reacción esperada y mantiene al conjunto tricolor en el límite de la permanencia

Carles Manso compadeciendo en la rueda de prensa del último partido del FC Andorra.FCA
El relevo en el banquillo no ha traído el giro que el FC Andorra buscaba. La llegada de Carles Manso como sustituto del destituido Ibai Gómez pretendía agitar la dinámica de un equipo que ya mostraba síntomas preocupantes, pero las cifras reflejan que el cambio, por ahora, no ha supuesto una mejora tangible. El conjunto del Principado sigue instalado en una línea irregular que lo mantiene mirando de reojo a la zona roja.
Desde la destitución de Ibai Gómez en noviembre del pasado año, el club apostó por un perfil continuista, tanto en la idea de juego como en el conocimiento del grupo, confiando en que Manso pudiera ajustar detalles y recuperar competitividad. Sin embargo, el balance no ha dado el salto esperado. Manso ha igualado los registros de su antecesor, sin conseguir superarlos, y el equipo continúa moviéndose en parámetros similares de rendimiento, tanto en puntos como en sensaciones.

La clasificación refleja esa realidad. El Andorra suma 29 puntos en 26 jornadas, con un balance de 7 victorias, 8 empates y 11 derrotas. En el apartado ofensivo ha anotado 29 goles, mientras que en defensa ha encajado 38 tantos, números que evidencian dificultades estructurales en ambas áreas. El equipo se encuentra en el límite de la salvación, con mucha temporada aún por delante, pero sin margen para la relajación.
El objetivo del cambio en el banquillo era claro: frenar la caída y generar un punto de inflexión. No obstante, el impacto inmediato no ha sido el esperado. La dinámica se mantiene, los problemas estructurales no se terminan de corregir y el Andorra vuelve a verse inmerso en la pelea por evitar el descenso, un escenario que ya vivió hace dos campañas y que amenaza con repetirse si no hay una reacción sostenida.

Más allá de los números, lo que preocupa en el entorno tricolor es la sensación de estancamiento. El equipo compite, pero no termina de dar ese paso adelante que le permita encadenar resultados positivos y alejarse definitivamente del peligro. La falta de estabilidad deportiva sigue siendo una asignatura pendiente en un proyecto que aspiraba a consolidarse en la categoría y que ahora navega en aguas turbulentas.
La comparación entre ambos técnicos es inevitable. Ibai Gómez no logró enderezar el rumbo y su etapa concluyó sin cumplir los objetivos marcados. Con Manso, la expectativa era encontrar una reacción inmediata, pero los datos muestran que el rendimiento se ha mantenido en cifras prácticamente calcadas. El cambio de entrenador no ha cambiado la tendencia y el margen de error empieza a reducirse.
En este contexto, el Andorra necesita algo más que continuidad en los números. Requiere regularidad, solidez defensiva y mayor contundencia en ataque si quiere evitar un final de curso agónico. La temporada entra en un tramo decisivo y el proyecto tricolor vuelve a situarse ante un desafío que pone en cuestión su crecimiento y su capacidad para consolidarse en la categoría.