Real Zaragoza: del rescate de Jorge Mas a un descenso que rompe 80 años de historia
ESTADIO Deportivo analiza con José Manuel Fábregas, presidente de la Federación de Peñas, cómo el Real Zaragoza ha pasado del rescate económico de Jorge Mas al descenso a Primera Federación

El Real Zaragoza cae a Primera Federación en el cuarto año de Jorge MasRedes Sociales / IMAGO
El descenso del Real Zaragoza a Primera Federación ha convertido en crisis total el proyecto iniciado por Jorge Mas en mayo de 2022. Cuatro años después de una compra recibida como un rescate económico, el club blanquillo toca fondo deportivo y su afición exige responsabilidades.
Para analizar ese derrumbe, ESTADIO Deportivo ha hablado con José Manuel Fábregas, presidente de la Federación de Peñas del Real Zaragoza, que pone voz al desencanto de una afición que verá a su equipo lejos del fútbol profesional por primera vez en décadas.
Jorge Mas: el rescate que pareció una nueva era
Para entender el derrumbe actual hay que remontarse a mayo de 2022. El Real Zaragoza llegaba exhausto después de años de deuda, limitaciones y supervivencia institucional. La entrada del grupo de Jorge Mas alivió esa losa: el club recibió una inyección económica importante, redujo deuda y ganó margen financiero.
José Manuel Fábregas, presidente de la Federación de Peñas del Real Zaragoza, reconoce ese punto de partida. “La nueva propiedad ha hecho un desembolso muy grande”, admite. Pero su diagnóstico introduce la clave del desencanto: “Un club de fútbol no es solo meter dinero, hay que ponerle también un poco de cariño”.
Ahí empieza la fractura entre propiedad y sentimiento. El Zaragoza dejó de estar ahogado en los despachos, pero nunca consiguió convertir esa estabilidad financiera en una estructura deportiva ganadora. La paradoja es cruel: el club se salvó económicamente para hundirse futbolísticamente.

Una propiedad lejana y un club sin cara visible en Zaragoza
La crítica principal de las peñas no se dirige únicamente al dinero invertido, sino a la forma de ejercer la propiedad. Fábregas describe una sensación de mando disperso, sin una autoridad emocionalmente presente en la ciudad.
“La propiedad está muy dispersa. Hay un grupo en Madrid, otro grupo en Miami, no se sabe quién manda. El presidente vive en Miami”, explica. Y añade una petición que se ha convertido en uno de los grandes lemas del malestar zaragocista: “Tiene que haber un presidente en Zaragoza que salga a la calle, que escuche a los aficionados, que defienda al club, que arrope al director general, que hable con los jugadores”.
Por ello, se han realizado diversas protestas, como el lanzamiento de billetes con la cara de Jorge Mas durante el partido ante el Sporting, con un mensaje claro: el Zaragoza no puede ser solo una inversión.
El gran error que ha condenado al Real Zaragoza: delegar sin acertar
El Real Zaragoza no ha descendido por falta de recursos respecto a buena parte de sus rivales. El equipo, como recuerda Fábregas, ha contado esta temporada con una masa salarial situada en la zona alta de Segunda división. “No ha sido un problema de dinero”, sostiene. “Ha sido un problema de elección de nombres”.
La frase resume cuatro años de decisiones deportivas fallidas. Desde 2022, el Zaragoza ha vivido atrapado en una montaña rusa de entrenadores, proyectos inconclusos y cambios de rumbo. Juan Carlos Carcedo, Fran Escribá, Julio Velázquez, Víctor Fernández, Miguel Ángel Ramírez, Gabi Fernández y David Navarro forman parte de una secuencia que explica la falta de continuidad.
Cada temporada empezó con un relato nuevo y acabó con una urgencia vieja. En 2023-24, cinco victorias consecutivas abrieron un espejismo de líder y ascenso posible; meses después, el equipo volvía a pelear contra sus propios miedos. En 2024-25, el arranque con goleada al Cádiz alimentó otra ilusión efímera; la temporada terminó otra vez en un ejercicio de supervivencia. En 2025-26, la caída ya no encontró freno.

La temporada 2025-26: el colapso del Real Zaragoza
El curso 2025-26 ha sido el resumen más brutal de todos los males acumulados. El equipo se descompuso desde muy pronto, la paciencia con Gabi Fernández se agotó en octubre y David Navarro llegó en marzo para intentar una reacción desesperada.
Durante semanas, el Zaragoza tuvo vida porque la zona baja de Segunda también se hundía. La permanencia llegó a estar históricamente barata. Cádiz, Huesca, Mirandés y Cultural tampoco cerraban sus objetivos. Pero el Zaragoza no supo aprovechar ni siquiera ese escenario.
El dato es devastador: 35 puntos en 40 jornadas, colista, con solo ocho victorias y 21 derrotas. El descenso no se explica por una noche mala, sino por la incapacidad sostenida de competir con solvencia en una categoría que, aun perdonando mucho, terminó dejando al Zaragoza sin respuestas.
La derrota por 1-3 ante el Sporting en el Ibercaja Estadio fue el acta emocional del hundimiento. David Navarro habló de no “manchar más la camiseta” y asumió que el equipo estaba prácticamente condenado.
La afición blanquilla, entre el duelo y la fidelidad
Aun así, el Real Zaragoza tiene el sustento de una afición que no dejará a su equipo. “La afición zaragocista no va a abandonar a su equipo el año que viene en Primera Federación”, asegura Fábregas.
El conjunto blanquillo tiene todavía una generación entera que sueña con verlos en LaLiga: “Hay mucha gente joven abonada que no ha visto al Zaragoza nunca en Primera división. Todos estos abonados son hijos de la miseria deportiva y estos no se van a ir nunca”.

La herida histórica: bajar 80 años después
El Real Zaragoza es un club histórico del fútbol español, y su palmarés agranda la caída a Primera Federación. Seis Copas del Rey, una Supercopa de España, una Copa de Ferias y la Recopa de 1995 conviven ahora con una realidad impensable hace no tanto.
Fábregas elige agarrarse al optimismo. “Ahora mismo lo que hay que hacer es salvar el club, sanear, profesionalizar sus estructuras, poner las bases para un futuro mejor”, resume. Habla incluso de una “refundación”. No legal, sino deportiva, cultural y emocional.
Lalo Arantegui y la primera decisión del nuevo ciclo
Dentro del caos, hay una figura que todavía conserva crédito entre la afición: Lalo Arantegui. Su regreso en marzo, acompañado por un equipo de trabajo con raíces zaragozanas, se interpreta como el primer intento de recuperar identidad.
Fábregas pide confianza en él. Sobre los nombres que suenan para el banquillo, como Ibai Gómez, evita entrar en juicios prematuros. “Todavía tenemos que pasar el duelo”, dice. Pero añade: “Si Lalo Arantegui considera que Ibai es el entrenador, pues adelante, a muerte con la decisión de Lalo”.
El mensaje a los dueños: “Llevarán esta carga toda su vida”
El cierre de Fábregas deja una frase dirigida directamente a la propiedad: “Van a llevar esta carga toda su vida. Que sean conscientes de lo que han hecho y tomen las medidas necesarias, las que tomarían en sus empresas si tuvieran un fracaso de esta magnitud”.
Más que una amenaza, la frase refleja el sentimiento de una afición que interpreta el descenso como una responsabilidad institucional, no solo deportiva. En cualquier empresa, una caída de esta escala provocaría responsabilidades, cambios y decisiones drásticas.
Volver no será automático, pero la afición ya ha elegido quedarse
El gran riesgo ahora es confundir historia con derecho adquirido. El Zaragoza será gigante en Primera Federación, pero eso no le garantiza nada. Tendrá presión en cada campo, rivales motivados, menos ingresos y una obligación permanente de ganar.
Pero también tendrá algo que no se compra: una masa social que, incluso rota, sigue sintiendo el club como una parte de su vida. Donde la futura Nueva Romareda seguirá siendo el centro emocional de una ciudad que necesita reconocerse otra vez en su equipo.
Fábregas deja un último mensaje para la afición: “Volveremos. Tarde o temprano volveremos. Será un año duro, pero este club, tarde o temprano, acabará volviendo a Primera división”.