30 aniversario

El Grito al Silencio de Pablo García, canterano del Real Betis: Pablo ha dejado escapar la oportunidad de su vida

El siempre hiperactivo -a veces en exceso- atacante verdiblanco se ha quedado sin minutos en los dos partidos ante el Atlético y comienza a perder protagonismo después de dos meses en los que no ha conseguido aprovechar su polivalencia ni la enorme cantidad de bajas que ha sufrido el equipo en los cuatro puestos de arriba

Aitor TorviscoAitor Torvisco 6 min lecturaSin comentarios

A estas alturas de la temporada se puede decir ya, y creo no pasa absolutamente nada por hacerlo, que Pablo García ha dejado escapar la oportunidad de su vida. Claro, que si era la oportunidad de su vida es sólo porque tiene 19 añitos y muchísimas temporadas por delante para explotar nuevas oportunidades. Ni como extremo ni como '9'. El joven e hiperactivo canterano verdiblanco no encuentra la manera de aportar su indudable talento y sigue sumando encuentros pasando totalmente desapercibido, sin aprovechar minutos que, por ejemplo, sí le han servido al Chimy Ávila para escapar del más absoluto ostracismo y lograr quedarse en el Real Betis, al menos otros por seis meses más.

Está muy claro que el problema del prometedor Pablo García no está en una falta de calidad, de actitud ni de personalidad, pues va sobrado de todo ello. Tal vez necesite aún adquirir un poco de experiencia para adaptarse a la enorme subida de nivel de un futbolista que en condiciones normales debería estar empezando a meter cabeza en el filial y que, sin embargo, hace ya mucho que el Juvenil se le quedó pequeño.

Tampoco se debe a un problema de falta de oportunidades, pues aunque se ha quedado sin jugar en estos dos encuentros contra el Atlético y no deja de resultar significativo, Manuel Pellegrini le ha dado minutos en 23 encuentros oficiales de esta 24/25 en la que se le han abierto muchas puertas con la plaga de bajas. Abde y Bakambu se fueron a la Copa de África, se lesionaron Riquelme y el Cucho, Antony viene arrastrando una pubalgia, Isco y Lo Celso están 'missing' por distintos problemas duraderos, con el equipo llegando al 5 de febrero inmerso aún en tres competiciones... Será muy difícil encontrar un camino más despejado hacia la titularidad en el Betis que el que ha tenido en los últimos dos o tres meses.

Sin embargo, atenuantes al margen, es una realidad incuestionable que el de Alcosa no está mostrando ni rastro de ese gol que ha derrochado en todas y cada una de las categorías inferiores del Real Betis (y de la selección española) hasta llegar al primer equipo. Las comparaciones siempre son odiosas, porque suelen ser forzadas, descontextualizadas y por lo tanto injustas. Sin embargo, es evidente que la esperadísima irrupción de Pablo García se ha quedado muy por debajo de la que tuvo un contemporáneo suyo como Jesús Rodríguez, quien agarró con fuerza la primera camiseta titular que le dieron para no soltarla hasta que el Como italiano llegó con un puñado de millones de euros.

En este sentido, durante todo el mercado invernal de fichajes se ha hablado mucho de la idoneidad de que el Betis mande a Pablo a 'hacer la mili', a afrontar una cesión en un equipo de la parte baja de Primera división o la zona alta de Segunda en la que tenga protagonismo y se curta en mil batallas en el fango antes de volver al Betis para pelear con más armas de las que dispone a día de hoy. No es la idea que maneja a día de hoy la entidad, que en caso de estudiar una salida es más tendente hacia un traspaso cercano a su cláusula de rescisión (sobre los 30 millones de euros) que deje una jugosa plusvalía que a un préstamo con visión formativa. Habrá que esperar a que se mueve en verano.

La parte positiva es que el Betis ha cerrado este mercado de enero sin la esperada llegada de un delantero y eso, a priori, le garantiza seguir teniendo más opciones de redimirse en esta segunda mitad de la 2025/2026; pero eso ya será la segunda mejor oportunidad de su vida. Desde luego no será mejor que la primera por mera cuestión numérica en la competencia. Que sea la última oportunidad o no dependerá de él, pues por calidad y juventud merece confianza y paciencia, dos cuestiones que en el fútbol no suelen abundar.

Dicho esto, Pablo García ha dejado escapar la oportunidad de su vida desde que llegó de jugar el Mundial sub 20 y de verdad que no pasa nada por decirlo. No es algo peyorativo. No por eso se le valora menos o se le deja de apoyar. Todo lo contrario, teniendo en cuenta que desde muy temprana edad todas las puertas se le han ido abriendo a su paso, seguramente este pinchazo ha llegado en un momento más que oportuno para provocar una reacción positiva en él. Si ya estaba apretando -cuando salta al campo incluso se le ve pecar de exceso de actitud-, tendrá que hacerlo más. Así funciona esto. La exigencia en la elite es desmedida, pero siempre ofrece revancha. Que le pregunten al Atlético.

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