Íñigo Pérez asume el golpe del empate ante el Getafe y apela a levantarse desde el dolor: “De momento tenemos dolor y esperemos que pasen las horas”
El técnico del Rayo Vallecano compareció visiblemente afectado tras el empate ante el Getafe en Vallecas. Íñigo Pérez reconoció el impacto anímico del desenlace, defendió el trabajo de su equipo y apeló al paso de las horas para digerir un resultado que considera especialmente duro por la forma en que se produjo


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Getafe

El Rayo Vallecano dejó escapar una victoria que tenía en la mano y el primero en acusarlo fue su entrenador. Íñigo Pérez compareció ante los medios con un tono poco habitual, sincero y cargado de emociones, después de un empate que dolió más que otros. El técnico no buscó refugio en excusas ni en análisis tácticos extensos: habló desde el golpe, desde la frustración y desde una sensación de responsabilidad que asumió de frente.
“Es un día difícil de asumir”, confesó nada más comenzar. “No hay tiempo ahora mismo para poder limpiarse de la cabeza lo que ha sucedido. De momento tenemos dolor y esperemos que pasen las horas”. Un mensaje que marcó toda su intervención y que reflejó el estado anímico de un vestuario que sintió el empate como una derrota.
Un partido controlado hasta el final
En su análisis deportivo, Íñigo Pérez evitó entrar en valoraciones sobre el planteamiento del Getafe, pero sí destacó que el Rayo supo interpretar bien lo que exigía el encuentro, al menos durante una parte importante del mismo. “En la primera parte sucedió un poco lo que esperábamos”, explicó. “Dentro de esa dificultad para atacarles por su buena organización, lo hemos hecho bien”.
Reconoció que el equipo generó menos ocasiones de las habituales, algo que ya contemplaban en la preparación del choque, y puso en valor haber encontrado el gol en un contexto tan exigente. Sin embargo, fue claro al señalar el punto de inflexión: “La segunda parte es para revisarla”.
Un golpe emocional difícil de digerir
Más allá del resultado, el entrenador puso el acento en cómo se vivió el desenlace. “Cuando hemos recibido el gol he sentido dolor, decepción, culpa”, admitió sin rodeos. Lejos de cualquier intento de protagonismo, rechazó atribuirse méritos por haber anticipado la acción del gol: “No es para apuntarse ninguna medallita. No estoy bien, sinceramente no estoy bien”.
También restó sorpresa a la tensión vivida en los minutos finales, tanto en el césped como en la grada. “Son situaciones inherentes al fútbol”, señaló, entendiendo el caos y el ruido como una consecuencia lógica de un partido tan cargado de emoción y de un gol encajado al límite.
Una semana de trabajo que no se cuestiona
Íñigo Pérez defendió con firmeza el trabajo realizado durante la semana previa, una de las pocas con tiempo suficiente para entrenar con calma. “Hemos entrenado muy bien, los jugadores han venido muy bien”, aseguró. En ese sentido, quiso lanzar un mensaje de confianza hacia su plantilla: “Jamás van a fallar”.
Eso no impide reconocer que la forma en la que se dio el empate resulta especialmente dolorosa. Aun así, el técnico trató de relativizar: “Siempre la fácil solución es pensar que es fútbol, que hay otros problemas y enseguida vas dándole la vuelta”.
Mirada al futuro inmediato
Sobre la situación de la plantilla y el mercado, Pérez valoró positivamente la llegada de Carlos Martín, aunque recordó que hubo condicionantes burocráticos fuera de su control. “Cualquier jugador que venga ahora en invierno nos va a venir bien y nos ayudará”, afirmó, sin perder de vista la identidad construida en los últimos dos años.
Con el calendario apretando, el entrenador dejó una reflexión final cargada de honestidad: “A veces, cuando sales tan dolido como hoy, casi es mejor no tener mucho tiempo”. El próximo compromiso ante el Granada en Copa del Rey aparece ya en el horizonte como una oportunidad para canalizar el golpe.
El Rayo Vallecano se marcha de esta jornada con un punto y una herida emocional abierta. Íñigo Pérez no la esconde. La asume, la reconoce y confía en que el tiempo, y el siguiente partido, ayuden a cicatrizarla.